... Que lata!, fue lo primero que pensé, nuevamente leer un cuento que no te servirá para nada y que a los dos minutos de leerlo ya no significará nada para ti. Mas o menos estos fueron mis pensamientos el martes en la clase de lenguaje y con esta disposición inicié la lectura de "Ante la ley". Al terminar no me la podía creer, impresionante como un personaje ficticio se puede conectar tanto con uno mismo. Creo que si hay cosas de las que me arrepiento en mi vida es de no haberme atrevido a hacer muchas cosas. Cosas que me hubieran gustado hacer y no hice por diversas razones, por vergüenza, por miedo, etc, etc. Que rabia pensar en el como sería todo si uno tomara las decisiones correctas o por lo menos se atreviera a intentarlas y que fuerte el ver como la toma de estas decisiones van forjando de tal manera tu futuro, o tu presente si nos situamos en este momento. Se que en mi vida las decisiones trascendentales las he tomado bien, pero existen decisiones mínimas que pueden llegar a repercutir de igual manera. Kafka a través de su cuento me deja un claro deseo de angustia e impotencia sobre tomas de decisiones que uno no hace dándose cuenta lo idiota que fue y de las oportunidades que se desperdiciaron.
En fin, basta de preámbulo que tengo sueño, aquí les dejo el cuento que ojalá les guste.
ANTE LA LEY
"Hay un guardián ante la Ley. A ese guardián llega un hombre del campo que pide ser admitido a la Ley. El guardián le responde que ese día no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona, y pregunta si luego podrá entrar.
- Es posible, -dice el guardián,- pero no ahora.
Como la puerta de la Ley sigue abierta y el guardián está a un lado, el hombre se agacha para espiar. El guardián se ríe, y le dice:
- Fíjate bien: soy muy fuerte. Y soy el más subalterno de los guardianes. Adentro no hay una sala que no esté custodiada por su guardián, cada uno más fuerte que el anterior. Ya el tercero tiene un aspecto que yo mismo no puedo soportar.
El hombre no ha previsto esas trabas. Piensa que la Ley debe ser accesible a todos los hombres, pero al fijarse en el guardián con su capa de piel, su gran nariz aguda y su larga y deshilachada barba de tártaro, resuelve que más vale esperar. El guardián le da un banco y lo deja sentarse junto a la puerta. Ahí, pasa los días y los años. Intenta muchas veces ser admitido y fatiga al guardián con sus peticiones. El guardián entabla con él diálogos limitados y lo interroga acerca de su hogar y de otros asuntos, pero de una manera impersonal, como de señor importante, y siempre acaba repitiendo que no puede pasar todavía. El hombre, que se había equipado de muchas cosas para su viaje, va despojándose de todas ellas, para sobornar al guardián. Éste no las rehusa, pero declara:
- Acepto para que no te figures que has omitido algún empeño.
En los muchos años el hombre no deja de mirarlo. Se olvida de los otros y piensa que éste es la única traba que lo separa de la Ley. En los primeros años maldice a gritos su perverso destino; con la vejez, la maldición decae en quejumbre. El hombre se vuelve infantil y como en su vigilia de años ha llegado a reconocer las pulgas en la capa de piel, acaba por pedirles que lo socorran y que intercedan con el guardián. Al fin se le nublan los ojos y no sabe si éstos lo engañan o si se ha oscurecido el mundo. Apenas si percibe en la sombra una claridad que fluye inmortalmente de la puerta de la Ley. Ya no le queda mucho que vivir. En su agonía los recuerdos forman una sola pregunta, que no ha propuesto aún al guardián. Como no puede incorporarse, tiene que llamarlo por señas.
El guardián se agacha profundamente, pues la disparidad de las estaturas ha aumentado muchísimo.
- ¿Qué pretendes ahora?,- dice el guardián-, eres insaciable.
- Todos se esfuerzan por la Ley, -dice el hombre.- "¿Será posible que en los años que espero nadie haya querido entrar sino yo?
El guardián entiende que el hombre se está acabando, y tiene que gritar para que le oiga:
- Nadie ha querido entrar por aquí, porque a ti sólo estaba destinada esta puerta. Ahora voy a cerrarla."
Saludos
xaz!
En fin, basta de preámbulo que tengo sueño, aquí les dejo el cuento que ojalá les guste.
ANTE LA LEY
"Hay un guardián ante la Ley. A ese guardián llega un hombre del campo que pide ser admitido a la Ley. El guardián le responde que ese día no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona, y pregunta si luego podrá entrar.
- Es posible, -dice el guardián,- pero no ahora.
Como la puerta de la Ley sigue abierta y el guardián está a un lado, el hombre se agacha para espiar. El guardián se ríe, y le dice:
- Fíjate bien: soy muy fuerte. Y soy el más subalterno de los guardianes. Adentro no hay una sala que no esté custodiada por su guardián, cada uno más fuerte que el anterior. Ya el tercero tiene un aspecto que yo mismo no puedo soportar.
El hombre no ha previsto esas trabas. Piensa que la Ley debe ser accesible a todos los hombres, pero al fijarse en el guardián con su capa de piel, su gran nariz aguda y su larga y deshilachada barba de tártaro, resuelve que más vale esperar. El guardián le da un banco y lo deja sentarse junto a la puerta. Ahí, pasa los días y los años. Intenta muchas veces ser admitido y fatiga al guardián con sus peticiones. El guardián entabla con él diálogos limitados y lo interroga acerca de su hogar y de otros asuntos, pero de una manera impersonal, como de señor importante, y siempre acaba repitiendo que no puede pasar todavía. El hombre, que se había equipado de muchas cosas para su viaje, va despojándose de todas ellas, para sobornar al guardián. Éste no las rehusa, pero declara:
- Acepto para que no te figures que has omitido algún empeño.
En los muchos años el hombre no deja de mirarlo. Se olvida de los otros y piensa que éste es la única traba que lo separa de la Ley. En los primeros años maldice a gritos su perverso destino; con la vejez, la maldición decae en quejumbre. El hombre se vuelve infantil y como en su vigilia de años ha llegado a reconocer las pulgas en la capa de piel, acaba por pedirles que lo socorran y que intercedan con el guardián. Al fin se le nublan los ojos y no sabe si éstos lo engañan o si se ha oscurecido el mundo. Apenas si percibe en la sombra una claridad que fluye inmortalmente de la puerta de la Ley. Ya no le queda mucho que vivir. En su agonía los recuerdos forman una sola pregunta, que no ha propuesto aún al guardián. Como no puede incorporarse, tiene que llamarlo por señas.
El guardián se agacha profundamente, pues la disparidad de las estaturas ha aumentado muchísimo.
- ¿Qué pretendes ahora?,- dice el guardián-, eres insaciable.
- Todos se esfuerzan por la Ley, -dice el hombre.- "¿Será posible que en los años que espero nadie haya querido entrar sino yo?
El guardián entiende que el hombre se está acabando, y tiene que gritar para que le oiga:
- Nadie ha querido entrar por aquí, porque a ti sólo estaba destinada esta puerta. Ahora voy a cerrarla."
Saludos
xaz!
5 comentarios:
Si notable el cuento...
no se q decir
eem disfruta la vida
;D
No sé, no me gustó mucho. Pero igual es como significativo. Y hay varias cosas de las que me he arrepentido y que sé que la cagué. Pero en esos casos hay que saber seguir adelante y no lamentarse sin actuar por mejorarlo.
Yo hice un cuentito hace tiempo con una reflexión parecida. Tal vez algún día lo suba, aunque creo que es muy largo (para un blog).
Xaz.
ctm... la wea buena wn.
Me gustan en verdad los cuentesillos. Por que siempre rebelan alma.
Que heavy...
http://www.literatura.org/Denevi/Hormiga.html
leete èste...
jiji...
shau hombre saludos
Mmmmh... piola el post
De hecho, igual compensa la espera.
Ando bloqeado. Salud
cabrooo vive la vida noma :)
0 arrepentimnts la vida es una sola
y hay q vivirla .....
hace tods las cosas q no haz podido hacer men
salud2
xaoooo
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